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martes, 11 de abril de 2017

ISABEL GUERRA

Isabel Guerra nació en Madrid en 1947 y vive en Zaragoza desde los 23 años. Es una monja cisterciense del Monasterio de Santa Lucía en Zaragoza, habiendo sido nombrada miembro de dos Reales Academias de Bellas Artes: Académica de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis y Académica Correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Comenzó a pintar a los 12 años emborronando cuartillas hasta que la regalaron una caja de óleos, y a partir de ese momento comenzó su carrera como pintora.

Esta monja, que según explica, fue pintora antes que monja, se ha convertido en un referente de la pintura española. Los juegos de luces y el realismo llevado hasta el extremo, son los dos aspectos más característicos de sus pinturas, que invitan a la meditación, al silencio y a la búsqueda de la luz interior.

"Vengo a dar testimonio de lo que soy", dice esta religiosa que lleva la pintura en las venas. A pesar de que para ella es su gran pasión, reconoce que, detrás de cada cuadro, hay «mucho dolor y sufrimiento. Cuando terminas de pintar, tú sabes hasta dónde no has podido llegar». Sin embargo, la trayectoria de esta monja está marcada por el éxito.

Isabel Guerra elige jóvenes, porque ellas son capaces de transmitir su «mensaje de paz y de esperanza». La imagen de la juventud está marcada por «la limpieza y, sobre todo, por la esperanza en el futuro». En cuanto a la luz que caracteriza la pintura de esta religiosa, «nos ayuda a descubrir nuestras propias luces interiores, que a veces no vemos».

Sus cuadros rebosan de paz y la serenidad. Y es eso también lo que busca esta artista, dar un minuto de sosiego al que contempla su obra. «El tiempo redunda en que tengamos paz, y es imprescindible para encontrarse con uno mismo y con Ese que habita en su interior», dice Isabel. Es La fuerza del Silencio.
 



























 

sábado, 1 de abril de 2017



Los Grandes Genios de la Pintura Española del Siglo de Oro. (Historia del Arte).
Durante el Siglo de Oro se dio una expansión política, militar, cultural, económica y comercial por parte de España en el resto de Europa y en las recién descubiertas tierras americanas. La unificación de la península por parte de los Reyes católicos, y del descubrimiento de América, inician diversas expansiones territoriales, tomando poder la corona española en territorios italianos, alemanes, austriacos, y en otros lugares en distintas épocas dentro del tiempo que duró “el Siglo de Oro”. Expansiones que influyeron en la cultura española, como es el caso de la cultura italiana renacentista que por aquellas fechas comenzaba a surgir, cultura que a través de los dominios españoles en Italia, introdujo el renacimiento a España, influyendo a todas las esferas de la cultura, como lo es la literatura y las diversas manifestaciones del arte, como la pintura fiel reflejo de la sociedad y cultura española de la época.
El Siglo de Oro no supone fechas precisas y generalmente se considera que duró más de un siglo. Su inicio no sería antes de 1492, con el fin de la Reconquista y la publicación de la Gramática castellana de Antonio de Nebrija, y termina con la muerte del gran escritor Pedro Calderón de la Barca, fallecido en 1681.
Durante el apogeo cultural y económico de esta época, España alcanzó prestigio internacional en toda Europa. Cuanto provenía de España era a menudo imitado; y se extiende el aprendizaje y estudio del idioma.
Las áreas culturales más cultivadas fueron literatura, las artes plásticas, la música y la arquitectura. El saber se acumula en las prestigiadas universidades de Salamanca y Alcalá de Henares.
Las ciudades más importantes de este periodo son: Sevilla, por recibir las riquezas coloniales y a los comerciantes y banqueros europeos más importantes, Madrid, como sede de la Corte, Toledo, Valencia, Valladolid (que fue capital del Reino a comienzos del siglo XVII) y Zaragoza.

El siglo XVII es por excelencia el Siglo de Oro de la pintura española y es cuando florecen la mayor parte de las escuelas artísticas nacionales. A la pintura de esta época se la denomina pintura barroca y manierista, el estilo barroco, perdura hasta más o menos la mitad del siglo XVIII. La monarquía, la iglesia y la nobleza se convierten en mecenas del arte, por lo que los temas religiosos son de nuevo abundantes debido a la contrareforma.

El barroco se caracteriza por los contrastes entre luces y sombras, una intensa espiritualidad, naturalismo y movimiento. Podemos destacar a los grandes genios como El Greco, Velázquez (el más pintor más importante por sus composiciones), Bartolomé Esteban Murillo, Ribera, Zurbarán, Ribalta, Francisco Pacheco, Pedro Aibar Jiménez, Martín Amigo, José Antolínez, Vicente Berdusán, Juan Carreño de Miranda, Fernando Yáñez de la Almedina, Juan de Juanes, Juan de Flandes, Pedro Berruguete, Alonso Berruguete, Luis de Morales, Juan Correa de Vivar, Alejo Fernández, Pedro Machuca, Alonso Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz, Alonso Cano, Claudio Coello, Francisco Herrera el Viejo, Francisco Herrera el Mozo, Juan de Valdés Leal, Juan van der Hamen y León, Mateo Cerezo, Juan Fernández de Navarrete, Juan Bautista Martínez del Mazo y Juan Bautista Maíno, todos ellos genios de la pintura mayormente expuestos en el Museo Nacional del Prado, en Museos de Bellas Artes españoles, y en los mejores museos de Europa y el mundo.